
Sabemos muy bien que conectar con el cliente ideal es un ingrediente clave del éxito, pero, ¿cómo lo identificamos?
Primeramente, analizando la cartera de clientes finales que actualmente tienes; ellos nos pueden dar muchas de las claves: nos dicen que les tenemos que vender, nos enseñan sus aspiraciones, miedos, preocupaciones, los impulsos emocionales que podemos utilizar y hasta que enfoques darles a las campañas.

De ahí puedes definir ¿Cuáles o quiénes cumplen con la descripción de “Cliente Ideal”? Por eso investigarlo es como saber las preguntas antes del examen. Toda esa información nos ayudará a crear nuestra oferta de venta con una propuesta de valor orientada a las necesidades del cliente. Podremos venderle al cliente si conseguimos que perciba nuestra capacidad para ayudarle.

El plan es afinar la puntería al máximo para identificar a tu cliente ideal, si no, le hablarías a todo el mundo, pero muy pocos o nadie se sentirían identificados. En pocas palabras, vas a ciegas, sin saber el mensaje que tienes que enviar, ni el tono que debes utilizar. Eres una marca genérica, impersonal. Y cuando no representas nada, todo lo tendrás que resolver con precio.
Cada vez por pereza mercadotécnica, hablan sin tener en mente a las motivaciones de las personas, ni sus necesidades. Caes en la indefinición, no tienes un estilo, ni personalidad y seguramente, no resultarás atractivo.
¿Qué hacer?
Describe, analiza y define que patrones de personalidad son comunes en los nichos o perfiles de cliente ideal. Es pasar del colectivo al individuo. Entonces, tres acciones que podemos desarrollar serían:
- Conocer con mucha más precisión a tus clientes, lo cual es una ventaja sustancial.
- ¿Qué tipo de clientes son los que más se interesan y por cuáles tipos de productos y servicios?
- ¿Cuáles serán los diferenciadores versus la competencia?

Quiero dejar claro que estos perfiles no son exactos y en algunos casos se pueden combinar, aunque siempre habrá un perfil dominante. También puede ayudar el perfil del sector o de las empresas, que si bien no son “personas” si cuentan con una cultura de negocio.

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